El Tarot de Marsella es un conjunto de imágenes en color que datan probablemente del SXVI ó XVII. Si dudosa es su época de creación, es del todo desconocido su autoría. Pero fuera quien fuera, es innegable su cultura ecléctica y su capacidad para el conocimiento humano, en todas sus vertientes.

A través de sus figuras y dibujos en general, se muestran situaciones que lejos de ser independientes y aleatorias, muestran en su conjunto la historia humana y cada una de las situaciones por las que ha de pasar hasta edificarse como entidad individual dentro, sin embargo, de una sociedad gregaria, sea cual sea esta.

Llevo más de 17 años estudiando e investigando al ser humano en sus aspectos más puramente emocionales y espirituales. Por eso, cuando me topé con estas cartas, pronto descubrí que estaban contando algo de vital importancia para su conocimiento.

Durante varios siglos se le ha dado casi exclusivamente el papel de adivinar el futuro. En mi opinión, y es la que desarrollo en mi libro, el creador de las cartas, utilizó este medio para esconder un secreto, el de la humanidad, que no podía hacer público dado el carácter represor de la época.
Estoy de acuerdo con la idea de que es a partir del S XV cuando puede aparecer, ya que en la secuencia del Tarot, aparece constantemente la dualidad, la lucha entre los opuestos, y con ellos, la capacidad de elección, casi obligatoria para proseguir el camino. Y es precisamente en el Renacimiento cuando la idea del Libre Albedrío cobra más fuerza, en el contexto religioso. La alusión a los textos sagrados, a la Religión como nexo de unión con lo divino, y a las figuras sacerdotales y místicas como formadoras de la conciencia humana, nos hace recordar el cisma de Occidente que acaba de ocurrir. La etapa convulsa que se vive debido a los movimientos papales y las luchas entre ellos por el pontificado. Durante la etapa del Renacimiento, el hombre necesita redescubrirse, crearse a sí mismo a través del arte. Es época de avances geográficos y científicos. Aún así, estos van siempre acompañados de una férrea observación por los medios eclesiásticos, ejecutando severas sentencias para quien, a su juicio, transgredían las normas morales. Como el caso de Miguel Servet, cuya ejecución en la hoguera fue un grito por la libertad de conciencia.

Este libre albedrío que mencionaba antes, el autor lo representa magistralmente en la carta que titula Los Enamorados; en la que podemos observar como un joven conversa con dos mujeres. Una de ellas representa el pasado seguro y confiable y la otra el futuro desconocido y esperanzador, y con él, la autonomía y la independencia. Está intentando conversar con las dos, haciéndolas partícipes del motivo de su decisión. Por que con cada elemento nuevo por el que apostamos, hacemos un duelo por el antiguo que dejamos atrás. En este caso, el desarraigo de la mujer, quizás la madre, que le ha dado el soporte moral y humano, debe hacerse tranquilo y respetuoso, por que siendo una decisión voluntaria del joven, afecta d e manera muy personal también a la mujer mayor. De esta manera refleja la repercusión que tiene cada acto que emprendemos sobre los demás.

Estas decisiones, tomadas a destiempo, o movidos por el impulso o la ceguera del poder que da la autonomía, puede inducirnos al fracaso de la empresa que iniciamos, y no solo esto, sino que puede echar por tierra toda la preparación anterior que ha tenido lugar. Es el caso que refleja el arcano de El Carro, que con toda probabilidad hace referencia a la historia mitológica de Faetón y el carro del sol de su padre Helio.
Estas elecciones no se refieren solamente a los actos cotidianos, sino que alude además a las elecciones explícitas e implícitas que hacemos movidos por nuestra conciencia, por nuestra base moral y ética.
Y alude, además, a aquello que ocurre fuera d e nuestro campo de visión, de nuestra percepción objetiva y digamos, terrenal. En el arcano de El Diablo, el creador de las cartas quiere poner de manifiesto la convivencia habitual del mal entre los humanos. El Diablo posa divertido y convencido de su supremacía. Como si estuviera por derecho. Este tema es controvertido, y la Iglesia no tiene un claro posicionamiento al respecto. Posee exorcistas en varias partes del mundo, como el padre Gabriel Amorth, y, sin embargo, no suele exponer esta circunstancia en público.
El Islam contempla la existencia del diablo, y el Judaísmo, lo tiene como un elemento que matiza determinados errores o inclinaciones humanas a Dios.

Sobre la muerte, las cartas tienden una clara tendencia a la reencarnación. Esta idea, también posee una base religiosa en determinada culturas, entre ellas, la Católica, que admitió la reencarnación hasta aprox. el año 533. El budismo y el hinduismo creen en que los buenos y malos actos perduran a lo largo de estas vidas, incidiendo y condicionando la siguiente, siendo más o menos feliz según los actos que deben ser enmendados de sus otras vidas, lo que se llama Karma. En La Rueda de la Fortuna, se pone esto de manifiesto, añadiendo el hecho de que sin ser aleatorio, todos podemos estar en situación desprotegida en la siguiente vida, o en situación privilegiada. En la cultura Hindú, la rueda significa igualmente el cambio pacífico y paulatino que el ser humano puede provocar con sus actos. El Dharma, deber ético que cada uno posee al nacer. De hecho es la que tiene en su bandera.
La carta de El Juicio nos muestra pasajes del apocalipsis bíblico. Aquí sin un carácter catastrofista y final. Sino como un aviso de que los actos perdurarán en el tiempo, aún cuando este se acabe aquí. La llamada del ángel rebela un momento de revisión y comprensión de lo que ha ocurrido.

Las cartas, marcan, en fin, un aviso a la humanidad de que, lejos de depositar su vida por entero en el destino, como la mitología describe, en Clotos, moiras, etc., que tejían la vida y cortaban el hilo cuando ellas decidían, el ser humano posee parte y arte en la creación y destrucción de sí mismo. Y dando por hecho que está íntimamente ligado a la naturaleza, y al universo en sí, la creación o destrucción de si mismo, conlleva un acto similar en ellos. Como fue el caso del diluvio Universal, o de la perdida Atlántida, que se describe en diversas civilizaciones. En ellos se narra como al mismo tiempo que el hombre llegaba a un estado de sabiduría y poder, su egolatría crecía en la misma medida que se destruía sus valores morales. En ese momento, su mundo se destruye para de nuevo resurgir en un nuevo intento de humanización de sí mismo.