Chernóbil no acabó aquel 26 de Abril: mis dudas son solo mías. ¿O no?.

Por Maribel Maseda

 

A punto de cumplirse 30 años del gravísimo accidente de Chernóbil, el mundo permanece ajeno al desastre que quizá aún esté afectando a zonas más allá de las de exclusión. Si esto fuera cierto, no me cabe duda de que no lo reconocerían. Si tardaron días en reconocer la existencia de una catástrofe de dimensiones tan devastadoras y desconocidas, qué más no estarían dispuestos a maquillar?.

Un 26 de Abril de 1986, durante unas pruebas paradójicamente de seguridad, la Central nuclear de Chernóbil sufre un aparatoso accidente que pone en riesgo la seguridad del mundo. La paradoja no es solo la que parece obvia, sino la de que estas pruebas deberían haberse llevado a cabo antes de poner en marcha la central, pero se primó su puesta en escena.

-El protagonismo en el mapa mundial proviene del poder y renunciar a él parece un acto demasiado heroico-.

A partir de ese momento, los intereses políticos y económicos se ponen en movimiento y ante las evidentes consecuencias en cadena que traería un accidente radiactivo, se oculta su magnitud mientras los miembros del comité de seguridad intentan arreglar lo que dicen ser un problema subsanable y que no pone en peligro la seguridad de una central que “ podía emplazarse sin riesgo en la plaza roja”. Así las cosas, se decide monopolizar el problema y la solución, utilizando básicamente medios humanos, sin compartirlo con la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Horas después, el edificio en el que se encontraba el reactor, explosiona. Moscú decide evacuar Pripyat, las radiaciones superan en varios cientos de miles las permitidas. Aún así, se les dice a sus 50.000 habitantes que no cojan demasiadas cosas, haciéndoles creer que apenas estarán 3 ó 4 días fuera. La gran mayoría no han podido volver ya que mantiene unos niveles altamente nocivos de radiación. La zona de exclusión se aumenta a 30 Km alrededor de la central y el número de evacuados supera el millón días después.

En las horas siguientes al incendio, miles de hombres quedan expuestos a una radiactividad de la que se desconocía sus efectos, -lo cual llama la atención ya que estamos hablando de una central nuclear-. Una gran parte murieron durante los primeros días, otros antes de llegar a los 40 años, otros padecieron y padecen graves consecuencias; niños y niñas padecen graves malformaciones y diferentes tipos de cáncer.

Para cuando ya no se tiene más remedio que informar al mundo, una parte de este decide prohibir la entrada de alimentos provenientes de la URSS – que asume como un enfrentamiento político-.

Por si alguien no lo recuerda, la nube tóxica de aquel accidente, se extendió entre otros, a nuestra Europa pero también a China o EEUU. Cientos de miles de personas, entre mineros, soldados o bomberos murieron conscientes de que no habría solución para ellos. Y gracias a ellos, en un momento determinado, la catástrofe física paró; sin duda, estas personas dieron sus vidas y el tiempo que les duró fue ciertamente dura. Nadie estaba preparado para atender semejante horror y se enviaron los efectivos humanos sin protección cualificada ni mucho menos garantizada. Basta un apunte para hacerse una idea de la peligrosa actuación de estos llamados “liquidadores” y “biorobots” ( esta denominación confieso que me enerva y me avergüenza): se establecían turnos de trabajo de tan solo 1 minuto y en otras ocasiones, de 15. Y tras estos segundos de trabajo, estos pobres hombres experimentaban síntomas durísimos de envenenamiento por radiación que a algunos ya les provocaron la muerte.

Los más afectados fueron la URSS, Ucrania y Bielorrusia. Sin embargo, todos sabemos que más allá de los accidentes que provocan la emisión tóxica de algún tipo, están los condicionantes humanos y los decisivos factores naturales, -como los vientos-.

Hablando de los primeros, había que construir un contenedor lo suficientemente grande como para albergar sin riesgo al mortalmente radiactivo reactor nuclear. Se construyó entonces uno. Y se construyó bajo la presión de lo ya expuesto: el desconocimiento de cómo frenar el avance o combatir o defenderse de la radiactividad; las condiciones extremas de los obreros que participaron en él; las presiones sociales y políticas; la falta de medios y la escasez económica que este “incidente” supuso. Con todo esto, a principios de nuestro actual sigo XXI se descubrió que este contenedor de dimensiones gigantescas ya se había deteriorado y Ucrania pidió ayuda económica que le llegó 8 años después. Debe suponerse aunque no se diga, que si se encontraron deficiencias en el contenedor y urgía construir uno nuevo, existía y existe probabilidad de “escape” radiactivo ya que este proyecto no se finalizará hasta entrado el año 2017.

El ciudadano suele tender a creer lo que necesita para vivir en una ignorancia segura. Lo peor es que esto lo saben también “ellos”: Instituciones, Consejos Internacionales, Dirigentes políticos. Y nos cuentan la historia tal y como precisan que nos la creamos. El mayor poder de los Dirigentes Mundiales- las mayúsculas son intencionadas- es su esmerado conocimiento del ser humano en sus vertientes más peculiares. Así, no tengo muy claro contra quien debo lanzar mi reprobación sobre las excursiones morbosas que aprovechando el tiempo de ocio de algunas personas de – como mínimo- empatía más que dudosa, visitan la zona de exclusión de Pripyat por el módico precio de unos 100 dólares.

30 años es poco para agradecer a todas aquellas personas que dieron su vida sin nada a cambio, ni tan siquiera una muerte digna y sin sufrimiento. También me pregunto si es suficiente para que la radiación haya encontrado en el ambiente alguna barrera tan física y sólida como el zinc que buscaron en tierra para contenerla…y que resultó no ser suficiente.

En fin, estos excursionistas piensan en su inmortalidad mientras yo me sigo preguntando porqué el número de cáncer ha crecido y sigue creciendo de manera tan alarmante en los últimos años. No pregunto a quienes deberían tener la respuesta por que sé cual me darían a cambio. Así que, los ciudadanos continuamos nuestro camino atendiendo a los avatares de la vida sin pedir explicaciones a nadie y ese nadie continua tranquilo sabiendo que mantiene segura su impunidad.

 

Maribel Maseda, 15 de Abril de 2016.