Y es que a fuerza de repetir, puede ocurrir que vayamos perdiendo el contacto con lo que realmente significó en su momento este 8 de marzo. Fue una celebración al mismo tiempo que una reivindicación y además, una consigna para mantener la esperanza en ellas y la atención sobre un extraño hecho social en ellos.

Hay hueco para todos en este mundo. No es necesario empujar a nadie para disfrutar de los mismos derechos. Aunque sí es preciso un extra de humildad y hasta de generosidad por parte de aquellos que han recabado para sí algunos pequeños privilegios que consideran inofensivos. Es probable que en ocasiones lo sean. El problema no está en esos pequeños privilegios, sino en la situación desfavorecida en la que sitúan a alguna mujer para mantenerlos. De alguna manera se estableció la injusta desigualdad. De esta manera se mantiene hoy en día.

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