Maribel Maseda es experta en técnicas de autoconocimiento y violencia de género. Ha sido la primera mujer española invitada por la 50/50 Society del Banco Mundial para dar una charla sobre igualdad y maltrato. En este sentido, es Autora del libro “La zona segura”, donde reflexiona y analiza cómo convertir el problema del maltrato en empoderamiento para las personas que lo sufren, y de esta forma, ayudar al as víctimas a vivir con dignidad y autoestima. En definitiva, es un manifiesto por la esperanza, que ayuda a recordar a la persona que sufre malos tratos quien es, qué tiene derecho a pedirle a la vida, qué tiene derecho a pedir a las Instituciones. Le recuerda que siempre puede volver a cualquier punto del camino sano sin sentirse avergonzada y sin sentir que debe pagar una  deuda moral insalvable con el mundo por haber sido víctima de un agresor. En este libro, la persona que ha sufrido o sufre malos tratos, encontrará un camino que le ayudará a recuperar su verdadera identidad.

 ]El día 25 celebramos el día Internacional contra la violencia de género, ¿está cerca el día que celebremos el final de los maltratos?

 Efectivamente, el día 25 de Noviembre es el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Pero no es el día, aún, en el que celebremos la eliminación de este atentado contra los derechos humanos. Para ello se necesita de la participación del hombre en el deseo de una sociedad asentada en los derechos humanos, sea cual sea el sexo de sus ciudadanos. No se entiende el deseo de una convivencia justa sin la necesaria implicación de  hombres y mujeres que entienden y respetan los valores sobre los que debe asentarse. No es una lucha de la mujer en contra del hombre. Es poner de manifiesto la necesidad de ambos para lograr una sociedad fuerte en la que tienen mucho que aportar en la construcción de un mundo mejor.

Las cifras de las mujeres maltratadas en el mundo son tan escalofriantes como vergonzosa es la tasa de maltratadores en el mismo mundo. Siendo esto último la raíz única y verdadera del problema, la realidad es que solo se visibiliza como razón de su existencia  a la mujer.

 Cuando vemos noticias sobre el maltrato, a veces, pueden venirnos a la mente freses como “¿Por qué ella no se va? ¿por qué aguanta?”, en qué situación se encuentran las víctima para no poder salir?

 La mujer que padece malos tratos, sufre un estado de confusión inducida que no le permite discernir, no solo las conductas sanas de las que no lo son, sino sus propias emociones, reacciones, deseos y peor, su propio derecho a la queja.

Mientras una parte de la sociedad siga colocando en el mismo peldaño a la víctima y al agresor, alimentará su confusión, al recibir del lado sano una respuesta de culpabilización que es similar a la que recibe de su agresor.

 Preguntas y expresiones como estas me impulsaron a  escribir un libro que pusiera en su sitio a cada una de las partes implicadas en una relación tan insana como desconocida para un amplio sector de la población, sea cual sea el país. Esto implica un grave error de base que conlleva inevitablemente a un error en el diseño de sus soluciones.

Es preciso dar una información sobre el maltrato completa, fidedigna, real y actualizada, que llegue no solo a la víctima, sino al conjunto de la sociedad. Aunque con ello se les traslade la sensación de que al no existir un perfil de mujer maltratada, sino de persona maltratadora, cualquier miembro de la sociedad es susceptible de sufrirlo

 

¿Cómo podemos saber si nos encontramos ante un maltratador?

Mientras haya personas maltratadoras, habrá personas que sufran sus malos tratos, y al no poder identificarlos desde el primer momento que se presentan en su grupo social, es posible que cualquiera de los ciudadanos, ya se estén relacionando con ellos sin saberlo: en el metro, en el café, en el trabajo, en las reuniones de amigos…Al ser la agresión física posterior a la agresión psicológica y emocional, los que se relacionan sin saber que su colega es un violento, tomará sus chistes, sus comentarios, o su conducta “faltona” e insultante hacia la mujer como una conducta peculiar, graciosa e incluso, como una señal de que “aún no ha conocido el amor”, como si precisara ser salvado de sus carencias afectivas., convirtiéndole así en víctima, y haciendo entonces lo mismo que hace la mujer a la que maltrata y a la que la sociedad critica por “dejarse manipular”.

Es urgente dejar de asociar la imagen de la mujer  a la imagen del maltrato  y atreverse a poner ante las cámaras al agresor, hablar de estadísticas en clave de número de maltratadores en el mundo y no tanto en claves de número de maltratadas en el mundo. Si nos damos cuenta, es la mujer casi siempre la que configura la idea del maltrato en el ciudadano; por lo tanto, será a ella a quien se le pida responsabilidades, porque la otra persona, la única culpable de la agresión, el maltratador, nunca está disponible…

¿En qué medida puede ayudar tu libro a una víctima de maltrato o cualquier persona?

En mi libro “La zona segura”, describo el proceso por el que una mujer llega a ser confiada, protectora, conciliadora…un proceso habitual cuando se inicia una relación sentimental. Pero el maltrato no lo causa ella, sino quien aprovechando la apuesta por el amor, ejerce su incapacidad para reconocerlo y proyecta su frustración haciendo responsable a la mujer, que hará todo lo posible por resarcir las carencias que cree ver en las agresiones de su pareja. El maltratador no sabe amar, por lo tanto, lo que ofrece a su víctima no es amor, sino un castigo por su propia incapacidad. Y no lo causa ella por ser quien es, ya que cuando ella abandone la relación, su agresor comenzará otra en la que continuar su conducta agresora.

Hay que ayudar a la mujer que sufre malos tratos a recordar: recordar qué soñaba con vivir cuando pensaba en su futuro, y que vea que el hombre con quien soñaba  compartir su vida no la pegaba ni agredía, porque eso no encajaba con su idea sana del amor. A recordar que sean cuales sean, siempre tendrá algún talento, algún potencial y alguna oportunidad de ponerlos en práctica. Que todo en esta vida es un proceso y aunque tarde, aunque le cueste, cualquier día será “el día” en el que comience a recuperar su vida.